Por Carlos García – Touchdown Diario
Hay momentos en la NFL que te dejan sin palabras. El 14 de diciembre de 2025 fue uno de ellos. Semana 15, Arrowhead Stadium, partido contra los Chargers. Patrick Mahomes intentaba salvar una temporada que ya se estaba desmoronando cuando un defensor le cayó encima en una jugada sin contacto violento. El quarterback de los Chiefs cayó al césped sujetándose la rodilla izquierda. No hizo falta esperar al parte médico para saber que algo muy serio acababa de ocurrir. El diagnóstico llegó horas después: rotura del ligamento cruzado anterior y del ligamento colateral lateral de la rodilla izquierda. La cirugía se realizó al día siguiente en Dallas, y la temporada 2025 de Kansas City terminó en ese momento.
Seis meses después, Patrick Mahomes está lanzando de nuevo. Está en las instalaciones de los Chiefs siete horas al día. Está en las OTAs participando en drills individuales y en los siete contra siete. Y tiene un objetivo claro y público: estar listo para el partido de la semana 1 sin restricciones. La pregunta que recorre todo el mundo del fútbol americano es la misma desde aquel domingo de diciembre: ¿puede el mejor quarterback de su generación volver a ser quien era antes de que su rodilla izquierda dijera basta?. Los Chiefs parecen confiar plenamente en su quarterback, de hecho la semana pasada ataron a Mahomes con un nuevo contrato hasta 2033.
La lesión más grave de su carrera
Mahomes ha demostrado a lo largo de su trayectoria una capacidad casi sobrehumana para sobreponerse al dolor. El mundo lo vio jugar con un esguince grave de tobillo en los playoffs de 2023 y ganar el Super Bowl renqueando. Lo vio actuar con una lesión en el dedo que habría mandado a la enfermería a la mayoría de los quarterbacks de la liga. Pero nada en su historial se acercaba a lo que le tocó afrontar este invierno.
La lesión se produjo en una jugada sin contacto durante la derrota ante los Chargers en la semana 15, con el daño confirmado como rotura del ligamento cruzado anterior y el ligamento colateral lateral de su rodilla izquierda. Se operó al día siguiente. La ventana de recuperación estándar para esa combinación de lesiones se sitúa entre nueve y doce meses, lo que coloca su potencial regreso en algún punto entre septiembre y diciembre de 2026.
El parte tranquilizó a los aficionados en lo fundamental. Rick Burkholder, vicepresidente de medicina deportiva de los Chiefs, fue claro desde el principio: no hubo daño arterial, no hubo daño nervioso, no hubo daño en la superficie articular ni en los meniscos. Todo lo que tenía era reparable, corregible, y fue reparado. En el mundo de las lesiones de rodilla, ese comunicado fue casi una buena noticia. No hay daño colateral. Solo el trabajo de recuperación más duro de la carrera de Mahomes.
La recuperación: siete horas al día, sin tomar atajos
Desde el primer día, el entorno de los Chiefs ha intentado transmitir un mensaje de calma y confianza. Andy Reid fue directo cuando le preguntaron por el estado de su quarterback: «Lo está haciendo genial. Pasa una barbaridad de tiempo en el edificio. Está aquí siete horas al día.» Para quienes conocen a Mahomes, eso no sorprende. Burkholder ya describió su mentalidad cuando sufrió lesiones menores en el pasado: «Como jugador, su mentalidad es un poco diferente a la de la mayoría. Es tan metódico en lo que hace… está aquí a las seis de la mañana, es el último en salir por la noche. Atacará la rehabilitación de la misma manera. No se curan más rápido, simplemente vuelven al rendimiento más rápido.»
Las buenas noticias se fueron acumulando a lo largo del invierno y la primavera. En marzo, Adam Schefter de ESPN informó de que Mahomes estaba «progresando» en su rehabilitación y «encaminado» a estar listo para el inicio de la campaña 2026. En mayo, las imágenes lo mostraron lanzando en las instalaciones de Kansas City. Y cuando arrancaron las OTAs, Mahomes participó en drills individuales y en los siete contra siete, aunque no en los once contra once. El propio quarterback marcó el camino: «El primer paso era llegar al siete contra siete, y para mí era más ver a la defensa. Llevo mucho tiempo sin estar ahí, viendo cómo se desarrollan las jugadas. El siguiente paso será estar con el equipo y ponerme bajo center. Progresaremos hacia eso. Y luego saldremos ahí en vivo con los chicos, y entonces jugaremos partidos.»
Pero también hay matices importantes que no conviene ignorar. Cuando le preguntaron sobre su disponibilidad para el training camp en julio, Mahomes fue honesto: «Es un poco ‘ya veremos’. Tienes estos checkpoints semanales o cada dos semanas que tengo que alcanzar. Lo más importante para mí ahora es llegar al sprint y al cambio de dirección. Hasta que sea capaz de protegerme y salir ahí, me van a mantener seguro.» No es alarmante, pero sí es una señal de que nadie en Kansas City está forzando los tiempos. El plan es correcto: un paso cada vez, sin riesgos innecesarios con el jugador más valioso de la franquicia.
El plan B que nadie quiere usar: Justin Fields
Porque si Mahomes no llega a tiempo para la semana 1, los Chiefs tienen un plan preparado. Kansas City cerró un trade con los Jets el 18 de marzo para hacerse con Justin Fields a cambio de un pick de sexta ronda de 2027. Los Jets asumieron además siete millones de los diez millones garantizados del salario de Fields para 2026.
Fields es el cuarto equipo en cuatro temporadas para el ex número 11 del draft de 2021. La expectativa en Kansas City sigue siendo que Mahomes estará listo para la semana 1, pero hay confianza en que Fields puede ser un quarterback fiable si Mahomes necesita perderse algún partido al inicio del año. En las OTAs, con Mahomes limitado a los drills individuales y el siete contra siete, Fields ha dirigido la ofensiva titular en los once contra once. Al principio de los siete contra siete, Fields pareció algo precavido, y está claro que todavía trabaja en el timing con sus receptores.
Yardbarker apuntó algo importante que va más allá de la simple cuestión de si Mahomes llega o no al partido inaugural: la ofensiva de Kansas City deberá empezar a responder preguntas difíciles antes de lo esperado, comenzando por cómo adaptarse si Mahomes está presente pero todavía no es completamente móvil. La respuesta no es tan simple como «mismo sistema de juego, menos scrambles». Los Chiefs se adentran en una temporada donde proteger a Mahomes de sí mismo podría ser tan importante como protegerle de los pasarushers rivales.
Lo que dice la historia: los grandes quarterbacks post-LCA
La ciencia y la historia reciente del fútbol americano profesional ofrecen más optimismo que pesimismo en este punto. Un estudio académico publicado en el American Journal of Sports Medicine analizó a trece quarterbacks que se operaron del LCA mientras estaban en la NFL. El 92% de ellos volvió a jugar en la liga. Y lo más importante: el rendimiento tras la operación no fue significativamente diferente al rendimiento previo a la lesión.
Los casos individuales más relevantes apuntan en la misma dirección. Tom Brady se rompió el LCA en el primer partido de la temporada 2008, con 31 años y en su novena campaña en la NFL. Volvió en 2009 y lanzó para 4.398 yardas y 28 touchdowns, prácticamente su mejor temporada hasta ese momento. Joe Burrow se rompió el LCA en 2020 en su temporada rookie y regresó en 2021 para llevar a los Bengals al Super Bowl.
El propio Andy Reid lo dijo públicamente desde el principio: «Ha habido algunos quarterbacks bastante buenos que han tenido la misma lesión, y lo han hecho muy bien después de volver. Él irá a por ello, tiene buena gente aquí para rehabilitarle.» La referencia implícita a Brady no es casual. Si hay un precedente que los Chiefs quieren seguir, es ese: un quarterback en la treintena, en el pico de su carrera, que se rompe el LCA y vuelve como si nada hubiera pasado.
Y hasta Tom Brady le ha dado consejos directamente. Durante el episodio de su podcast «Let’s Go!» emitido poco después de la lesión, Brady compartió su experiencia personal con Mahomes basándose en su propia recuperación. Pocos en el mundo tienen mejor perspectiva para hablar de esto.
El contexto deportivo: un equipo reconstruido esperándole
Lo interesante es que Kansas City no ha esperado con los brazos cruzados. El offseason de los Chiefs ha sido, dentro de sus limitaciones de cap, uno de los más activos de la liga en términos defensivos. El draft de Pittsburgh fue brillante: Mansoor Delane en el pick 6 para reconstruir la cobertura, Peter Woods en el 29 para reforzar el interior junto a Chris Jones, R. Mason Thomas en el 40 como edge rusher adicional.
En agencia libre, los Chiefs añadieron al corredor Kenneth Walker como arma en el juego terrestre, algo que Kansas City lleva años necesitando. La expectativa es que los Chiefs corran más y de forma más efectiva, lo que en un contexto de posible Mahomes limitado en movilidad tiene todo el sentido del mundo.
Si Mahomes juega la temporada completa, las dobles cifras en victorias y un puesto en playoffs están bien al alcance de los Chiefs. Con los Broncos y los Chargers trayendo de vuelta gran parte de sus rosters de la pasada temporada, Kansas City tendrá trabajo duro para recuperar el trono de la AFC Oeste. Pero con Mahomes sano, nadie descarta a los Chiefs.
El calendario no les hace ningún favor: la semana 1 enfrenta a los Chiefs contra los Denver Broncos, campeones de la AFC Oeste, en Arrowhead Stadium un lunes por la noche. Si hay una imagen que resumiría perfectamente el regreso de Mahomes, es esa: bajo las luces de lunes por la noche, en su estadio, contra el equipo que le quitó el título de división. El guion no podría estar mejor escrito.
La pregunta que nadie puede responder todavía
Hay algo que conviene tener presente en medio de todo el optimismo. La historia médica y los precedentes hablan bien. La mentalidad de Mahomes es la de alguien que no conoce los atajos. El equipo ha sido construido para protegerle y para no depender de su movilidad tanto como en el pasado. Todo apunta en la dirección correcta.
Pero la realidad es que Patrick Mahomes nunca ha pasado por algo así. Tiene 30 años. Se ha operado de una rodilla que ya nunca será exactamente la misma que tenía antes del 14 de diciembre. Y la NFL moderna exige a sus quarterbacks movimiento, improvisación, capacidad para extender jugadas con las piernas. Brady lo recuperó todo. Burrow lo recuperó todo. Pero no todos los quarterbacks son iguales, y no todas las rodillas responden igual.
La clave para Kansas City será proteger a Mahomes de sí mismo. Él querrá correr, querrá improvisar, querrá hacer lo que siempre ha hecho. El trabajo del staff y de Andy Reid será asegurarse de que esa mentalidad no le lleve a forzar una rodilla que todavía está encontrando su sitio.
Lo que sí sabemos es esto: en los siete meses transcurridos desde aquella tarde de diciembre en Arrowhead, Patrick Mahomes ha hecho todo lo que estaba en su mano. Ha estado siete horas al día en el edificio. Ha lanzado antes de lo esperado. Ha participado en las OTAs cuando muchos pensaban que estaría fuera hasta julio. Y ha puesto fecha pública a su regreso: semana 1, sin restricciones, a pleno rendimiento.
El rey está volviendo. Y la NFL entera está esperando para ver si el trono sigue siendo suyo.












