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El kicker descalzo: la historia de Rich Karlis y los «pateadores sin zapato» que cambiaron la NFL

Por Carlos García – Touchdown Diario

Ayer estaba viendo el documental de Elway en Netflix y cuál fue mi sorpresa al ver que en la final de conferencia de la AFC de 1986, Rich Karlis, el kicker de los Denver Broncos, salía al campo para intentar el gol de campo que daría el billete al Super Bowl a su equipo… con el pie derecho completamente descalzo. Sin bota, sin calcetín, con la piel desnuda golpeando directamente el balón en uno de los momentos más importantes de la temporada. Me quedé mirando la pantalla sin poder creerlo. ¿Cómo es posible que alguien pateara así en la NFL? ¿No le dolía? ¿Era legal? ¿Había más kickers que lo hicieran? Tiré del hilo y lo que encontré es una de las historias más curiosas y desconocidas de la historia del fútbol americano profesional.


La patada que paró Cleveland

Para entender a Rich Karlis hay que empezar por ese momento. Era la final de conferencia de la AFC de 1986, y los Cleveland Browns recibían a los Denver Broncos en su campo. El partido había sido una batalla de principio a fin, y cuando John Elway culminó «El Drive», aquella marcha de 98 yardas en cinco minutos y dos segundos para empatar el partido a 20, el escenario quedó preparado para la leyenda.

Karlis golpeó el punto extra que igualó el partido, y en la prórroga anotó el gol de campo ganador que mandó a los Broncos al Super Bowl XXI. La semana siguiente apareció en la portada de Sports Illustrated. Para un chico que había sido walk-on en la universidad y walk-on en la NFL, era difícil escribir un guion mejor.

Lo que la portada de Sports Illustrated no mostraba, pero que cualquiera que vea las imágenes de aquel partido puede ver claramente, es que Karlis ejecutó todas esas patadas con el pie derecho completamente descalzo. Sin protección de ningún tipo. En enero, en Cleveland, con temperaturas bajo cero y el campo convertido en una mezcla de barro y hielo. Y lo hizo como si fuera lo más natural del mundo. Porque para él, lo era.


Un walk-on con una idea muy particular

La historia de Rich Karlis empieza en Salem, Ohio, en 1976, cuando un estudiante de instituto convencido por sus amigos volvió al equipo de fútbol americano después de haberlo dejado en el primer año. Nunca había chutado un balón, pero tenía algo especial en el pie derecho que pronto llamaría la atención de todos.

Tras su etapa universitaria en Cincinnati, Karlis empezó a escribir cartas a los 28 equipos de la NFL. De los pocos que respondieron, solo uno le invitó a un camp de prueba: los Denver Broncos. De los casi 500 jugadores que se presentaron aquel día, 75 eran kickers. Los agruparon en grupos de cinco y les hicieron chutar desde 20, 30, 40 y 50 yardas. Karlis pateó ese día mejor que nunca. Al final del tryout, le llamaron por su número: «192, ¿cómo te llamas y de dónde eres?» Le firmaron con un bonus de 500 dólares.

Lo que los Broncos no sabían del todo todavía era que su nuevo kicker tenía una particularidad que iba a definir toda su carrera: Rich Karlis es conocido como el último kicker que chutó a tiempo completo en la NFL completamente descalzo. No era un truco ni una excentricidad pasajera. Era su método, su técnica, la única forma en que sabía dar al balón con la precisión y la potencia que la liga exigía.

Karlis reconoció que Franklin le influyó decisivamente: «Franklin ciertamente me influyó como kicker en la universidad. Definitivamente llamó la atención de todos. Para mí, fue algo que aprendí y con lo que me quedé.»


El pionero: Tony Franklin y el origen de una tradición

Para entender a Karlis hay que entender primero a Tony Franklin, el hombre que lo empezó todo. La tendencia comenzó con Tony Franklin, quien anotó los primeros puntos descalzo de la liga como rookie con los Eagles en 1979. Franklin había chutado descalzo desde niño. Creció en Texas y dijo que raramente llevaba zapatos durante los veranos calurosos. Sentía que tenía más control de sus patadas de esa manera y, en 1976, mientras chutaba descalzo en Texas A&M, botó dos goles de campo de más de 60 yardas en el mismo partido.

Franklin explicó su filosofía con una claridad aplastante: «Empecé a chutar descalzo cuando tenía 15 años. Un día lo intenté con zapato y podía mandar el balón 35 yardas, pero no era muy preciso. Así que me dije: ‘¿qué pasaría si me quitara el zapato?’ Y empecé a mandarlo 50 yardas y era mucho más preciso.»

Franklin fue seleccionado en la tercera ronda del Draft de 1979 por los Eagles de Filadelfia. Como rookie, conectó 23 de 31 intentos de gol de campo. En un partido de Monday Night Football contra los Cowboys, metió un gol de campo de 59 yardas con el pie desnudo. Ese es todavía el récord de la mayor patada descalza en la historia de la NFL.

La NFL tenía una norma que prohibía «piernas al descubierto», así que Franklin llevaba la parte superior de un calcetín en la pierna de patear, pero el pie quedaba completamente al aire. Era la solución más creativa posible al reglamento: cumplir la letra de la norma mientras se saltaba completamente su espíritu.


Los descalzos de los años 80: una moda que tomó la liga por sorpresa

Lo más sorprendente de esta historia no es que existieran kickers descalzos. Lo más sorprendente es que en un momento dado, a mediados de los años 80, la tendencia se extendió por toda la liga hasta convertirse en algo completamente habitual.

Durante los años 80, el kicking descalzo era tan popular que se volvió algo sin importancia. Tony Franklin de los Eagles y Rich Karlis de los Broncos eran los dos mejores, pero había otros por todas partes. Mike Lansford de los Rams chutaba PATs y goles de campo sin zapato, aunque se ponía los tacos para los kickoffs. John Goodson punteaba descalzo para los Steelers. Incluso se podían ver kickers descalzos en partidos universitarios y de instituto.

En 1984 hubo cuatro kickers descalzos a tiempo completo en la liga, lo que parece ser el máximo histórico: Franklin, Mike Lansford, Rich Karlis y Paul McFadden. Si se incluyen los punters, hay que añadir a Jim Miller a esa lista de 1984.

Cada uno de estos jugadores tenía sus propias rutinas para mantener el pie en condiciones óptimas. Franklin decía que tenía que cortarse las uñas constantemente para evitar que se rompieran en el impacto, y que eso no siempre funcionaba: su uña del dedo gordo fue arrancada varias veces al chocar con el balón. Karlis, por su parte, aplicaba en su pie un producto que se usaba habitualmente en las ubres de las vacas para mantenerlo en perfecto estado.


Karlis y los Broncos: nueve años de gloria y algún momento amargo

Karlis jugó nueve temporadas en la NFL con los Broncos, los Vikings y los Lions, desde 1982 hasta 1990. Pero su legado está indisolublemente unido a Denver, donde vivió sus mejores momentos y también alguno de sus peores.

El gol de campo ganador en Cleveland fue su cumbre. Pero el Super Bowl XXI contra los Giants le deparó una noche de emociones extremas que resume perfectamente la vida de un kicker en la NFL. En el Super Bowl XXI contra los New York Giants el 25 de enero de 1987, Karlis tuvo una actuación memorable por razones contradictorias: igualó el récord del Super Bowl con un gol de campo de 48 yardas en el primer cuarto para dar a Denver una ventaja de 3-0. Sin embargo, también falló un intento de 23 yardas en el cuarto cuarto, que en ese momento era el gol de campo fallado más corto en la historia del Super Bowl, contribuyendo a la derrota de los Broncos por 39-20.

La crueldad del fútbol americano en una sola noche: metes el más largo y fallas el más corto. Karlis lo pagó durante años en las conversaciones de los aficionados de Denver.

Pero también hubo momentos de épica pura. En medio de una tormenta de nieve que dejó más de 30 centímetros sobre el campo, convirtiendo el terreno en algo casi injugable, Karlis metió un gol de campo de 26 yardas completamente descalzo, ayudando a los Broncos a ganar 24-0. Esa patada, ejecutada sin zapatos sobre un terreno helado, ejemplificó su enfoque poco convencional y su dureza.

En nueve temporadas, Karlis anotó 172 goles de campo y 283 puntos extra para un total de 799 puntos. También tiene récords del Super Bowl en intentos de gol de campo consecutivos convertidos como rookie, con trece en 1982.

Y en 1989, ya con los Vikings, igualó lo que entonces era el récord de la NFL metiendo siete goles de campo en un partido de 23-21 contra los Los Angeles Rams, marca que aguantó hasta 2007, cuando Rob Bironas de los Titans la rompió con ocho.


Por qué funcionaba: la ciencia detrás del pie desnudo

La pregunta que todos se hacen al ver las imágenes es obvia: ¿por qué funcionaba? ¿Qué ventaja real tenía chutar sin zapato?

Las razones por las que algunos kickers preferían el chute descalzo eran dos: creían que podían controlar mejor sus patadas con el pie que con los tacos de la época. Y la segunda teoría era que los zapatos y los calcetines absorben energía cinética, por lo que el contacto directo piel contra cuero creaba más torque.

Jim Andrews, que pasó 20 años trabajando para la NFL, lo explicó así: en aquellos tiempos no existían zapatos específicos para kickers, o al menos eran muy inferiores a los de hoy. Así que para conseguir más sensación, algunos kickers intentaron chutar sin ellos; les gustaron los resultados.

La comparación más gráfica la hizo un analista de la época: hacer llevar zapato a un kicker era como hacer llevar manopla a un quarterback. La sensación directa de contacto con el balón era irreemplazable con la tecnología del calzado disponible en los años 80.


El final de una era y el último descalzo

Por qué desapareció el kicking descalzo es porque el auge de la NFL como deporte de grandes ingresos finalmente creó un mercado para que las empresas de calzado desarrollaran un zapato deportivo diseñado para los kickers. Y hoy en día los equipos tienen tanto invertido en sus jugadores que chutar un balón descalzo supone un riesgo innecesario de lesión.

Con el surgimiento de nuevos materiales y tecnología en el diseño de tacos, algunas empresas de calzado de fútbol empezaron a desarrollar zapatos específicos para el fútbol americano. En los 90, los kickers podían verse corriendo al campo con dos tacos diferentes. Morten Andersen describió su zapato especial de patear como una mezcla entre un taco y un zapato de ballet. Le costaba 5.000 dólares.

Lansford y Karlis fueron los últimos en rendirse. El 31 de diciembre de 1990, Lansford ejecutó un punto extra en el cuarto cuarto para los Rams en la última semana de la temporada. Ese mismo año, Karlis se retiró. Aparentemente, la era del kicking descalzo llegaba a su fin.

Pero hubo un epílogo. Jeff Wilkins de los St. Louis Rams chutó descalzo durante las primeras siete semanas de la temporada de 2002. Metió nueve de doce goles de campo, pero decidió ponerse un zapato en la semana 8. Fue el último coletazo de una tradición que el tiempo y la tecnología habían dejado atrás.


Karlis hoy: de las porterías a la carpintería

Han pasado más de treinta años desde que Rich Karlis chutó su último balón en la NFL, pero la franquicia de Denver sigue siendo el lugar donde más a gusto se siente. Desde su casa al sur de Denver, Karlis dirige su negocio de carpintería artesanal, con el nombre perfectamente elegido: Barefoot Bronco Woodworking. Además de criar caballos, gallinas y abejas en la finca, fabrica tablas de charcutería, tableros de ajedrez y posavasos con el logo grabado de su instituto.

La comparación entre el kicking y la carpintería la tiene clara: «Lo que he encontrado en común entre el kicking y la carpintería es ese lado perfeccionista. Muchas veces podía meter una patada, pero el balón no rotaba limpio, se movía un poco, así que siempre fui mi crítico más severo. Y aquí soy igual.»

Un perfeccionista descalzo que cambió para siempre la historia de una posición. No está mal para un walk-on que llegó a un tryout con 500 aspirantes y se fue a casa con un contrato de 500 dólares.


Una curiosidad que la historia no debería olvidar

Ver a Rich Karlis en aquel documental de Netflix chutando descalzo en enero, en Cleveland, con el partido y la temporada en juego, es una de esas imágenes que te recuerdan por qué el fútbol americano es el deporte más fascinante del mundo. No porque sea el deporte más racional ni el más científico, sino porque en sus márgenes siempre ha habido espacio para lo excéntrico, para lo que funciona aunque nadie entienda bien por qué, para el kicker descalzo que aparece en la portada de Sports Illustrated después de mandar a su equipo al Super Bowl con el pie desnudo sobre el barro helado de Cleveland.

La próxima vez que veas a un kicker preparándose con sus zapatos especiales de 5.000 dólares, con el calcetín de compresión y el protocolo de calentamiento perfectamente diseñado, piensa en Tony Franklin quitándose el zapato porque le iba mejor sin él. Piensa en Rich Karlis untándose la planta del pie con crema de vacas antes de cada partido. Y piensa en que, durante casi una década, eso fue perfectamente normal en la liga más competitiva del mundo.

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