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Londres volvió a respirar NFL: los Colts sobrevivieron al caos y acabaron imponiendo su ley

Indianápolis Colts 30 – Washington Commanders 13
Tottenham Hotspur Stadium, Londres

Por Sebastián Alonso – Touchdown Diario.

Hay partidos que el marcador explica perfectamente y otros en los que engaña bastante. El 30-13 con el que los Indianápolis Colts derrotaron a los Washington Commanders en el Tottenham Hotspur Stadium pertenece claramente al segundo grupo.

Y esta vez podemos contarlo de una manera diferente. Por primera vez, Touchdown Diario estuvo allí para vivir un partido de la NFL desde dentro, acreditado y desde el propio estadio. Nuestra primera corresponsalía nos llevó hasta Londres y al Tottenham Hotspur Stadium para contar no sólo lo que dice el marcador, sino también lo que se veía y se sentía sobre el césped y en las gradas.
Porque durante muchos minutos no hubo diecisiete puntos de diferencia entre ambos equipos. Es más, durante el comienzo del partido fueron los Commanders quienes parecieron entender mucho mejor lo que exigía una mañana de NFL en Londres.


El ambiente acompañaba. Londres volvía a vestirse de NFL y las gradas del Tottenham Hotspur Stadium ofrecían una de esas imágenes que explican por qué los International Games tienen algo especial: camisetas de los 32 equipos de la NFL, aficionados llegados desde Estados Unidos y seguidores europeos aprovechando una de las pocas oportunidades del año de tener la liga a este lado del Atlántico.
Y en medio de todo aquello, los Colts salieron completamente desconectados.
Un comienzo para olvidar de Daniel Jones. Especialmente de Daniel Jones.

Indianápolis comenzó el partido con enormes dificultades para mover el balón y su quarterback estuvo en el centro de prácticamente todos los problemas. En la segunda jugada ofensiva de los Colts llegó el primer golpe: presión de Washington, fumble de Jones y balón recuperado por los Commanders. No fue un accidente aislado.


Washington consiguió incomodarle continuamente y Jones parecía jugar acelerado. Las lecturas no terminaban de llegar a tiempo, la presión se acercaba demasiado y la ofensiva de Indianápolis era incapaz de encontrar ritmo. A aquel fumble se sumaría posteriormente una intercepción.

El resultado era sorprendente: después de sus primeras cuatro posesiones, los Colts apenas habían producido 33 yardas de ataque. Washington dominaba territorialmente y su defensa estaba ganando claramente el duelo. Pero ahí apareció el primer detalle que posteriormente acabaría pesando muchísimo. Los Commanders no estaban convirtiendo su superioridad en touchdowns. Dos buenas oportunidades terminaron únicamente en field goals. El marcador decía 6-0 cuando la sensación sobre el césped era que Washington había sido bastante superior. Indianápolis seguía vivo.

Y entonces llegó una de esas jugadas que, sin ser necesariamente la más espectacular del partido, termina marcando hacia dónde se dirige. En el segundo cuarto, Washington decidió jugársela en cuarto down y no lo consiguió. Hasta ese momento el partido estaba claramente en manos de los Commanders. La defensa había castigado a Daniel Jones, Indianápolis apenas encontraba respuestas y Washington tenía la oportunidad de seguir aumentando la presión, pero aquel cuarto down fallado cambió algo. No significó que los Colts pasaran a dominar inmediatamente, pero sí fue el momento en el que el partido comenzó a girar.


Indianápolis encontró algo de aire. Washington dejó pasar otra oportunidad de transformar su superioridad en puntos y, por primera vez, empezó a sentirse que los Colts podían salir del agujero en el que ellos mismos se habían metido. A partir de ahí el encuentro comenzó a ser otro.

Washington, además, había comenzado con Marcus Mariota como quarterback porque Jayden Daniels ya estaba fuera por lesión, y entonces llegó otro golpe; Mariota, que había empezado bien —3 de 4 pases para 46 yardas y una espectacular carrera de 35— sufrió una lesión en la rodilla tras recibir un sack y no pudo continuar. De repente, Washington estaba jugando un partido de NFL en Londres con su tercer quarterback. El elegido fue Athan Kaliakmanis, rookie de séptima ronda que hasta ese momento no había lanzado un solo pase en temporada regular en la NFL. No parecía precisamente el escenario ideal para estrenarse.


La diferencia empezó a notarse. La ofensiva que con Mariota había avanzado con cierta facilidad perdió continuidad y la defensa de Indianapolis comenzó a jugar con mucha más confianza. Mientras tanto, los Colts hicieron algo fundamental: dejaron de pedirle a Daniel Jones que solucionara el partido y empezaron a apoyarse en aquello que mejor podían hacer, correr.


Y ahí apareció Jonathan Taylor que logró cambiar el guion. Taylor empezó poco a poco a desgastar una defensa de Washington que llevaba demasiado tiempo sobre el campo. Su primer touchdown, una carrera de cinco yardas, puso por primera vez a Indianápolis por delante. Y prácticamente sobre el descanso, Spencer Shrader añadió un field goal de 48 yardas. Después de una primera mitad realmente mala de los Colts, el marcador era 10-6.


Era difícil encontrar una explicación mejor de lo cruel que puede ser este deporte. Washington había dominado buena parte de los primeros treinta minutos. Indianápolis había perdido dos balones. Daniel Jones había estado incómodo. Los Colts apenas habían conseguido generar ofensiva y aun así se marchaban al vestuario ganando.

El tercer cuarto pareció confirmar que el partido empezaba a inclinarse definitivamente. Kaliakmanis lanzó una intercepción y los Colts aprovecharon el regalo. Jonathan Taylor volvió a entrar desde cinco yardas para colocar el 17-6. Parecía el principio del final, pero entonces el rookie nos regaló probablemente el momento más inesperado del partido. Kaliakmanis soltó un magnífico pase profundo de 47 yardas para Treylon Burks y consiguió el primer touchdown de su carrera en la NFL. 17-13, y durante unos minutos volvió a sentirse que todavía podía pasar cualquier cosa en Londres.

El problema era que Washington estaba peleando contra algo más que los Colts. Las bajas empezaban a acumularse. Jayden Daniels ya había llegado lesionado al partido. Mariota cayó durante el primer cuarto. Jaylin Lane tuvo que ser atendido primero por una posible conmoción y posteriormente abandonó el encuentro tras sufrir otra lesión. También aparecieron problemas físicos para otros jugadores de Washington, y junto a las lesiones llegaron los errores. Los Commanders terminaron el encuentro con 10 penalizaciones para 84 yardas, frente a una sola penalización de Indianapolis. En un partido tan cerrado durante tres cuartos, regalar tantas yardas terminó siendo demasiado.


Y entonces llegaron los últimos quince minutos. El marcador señalaba 20-13 al comenzar el último cuarto. Un touchdown; eso era todo lo que separaba a ambos equipos, pero la sensación sobre el césped ya empezaba a ser diferente. Washington estaba sobreviviendo. Indianápolis estaba creciendo y Jonathan Taylor terminó de romper el partido. En una posesión de 51 yardas, Taylor acumuló 40 por tierra. La defensa de Washington sabía perfectamente lo que iba a ocurrir, pero ya no conseguía detenerlo. Entonces Daniel Jones hizo posiblemente su mejor jugada de todo el encuentro. En un tercer down cerca de la goal line, se quedó el balón y corrió hasta la end zone. Touchdown. 27-13. El mismo quarterback que había comenzado el partido perdiendo un fumble y lanzando una intercepción acababa de colocar a los Colts dos anotaciones por delante.


No fue una actuación brillante de Jones —terminó con 19 pases completados de 34 intentos para 143 yardas—, pero sí consiguió hacer algo importante: sobrevivir a sus propios errores. Y en la NFL, algunos días, eso también es ganar.


A partir de ahí el partido prácticamente terminó. La defensa de Indianápolis olió sangre. Washington intentó seguir buscando alguna jugada grande con Kaliakmanis, pero cada posesión parecía más complicada que la anterior. Otro field goal de Shrader colocó el definitivo 30-13. Indianápolis había anotado 10 puntos en el último cuarto. Washington, ninguno.

Un 30-13 que cuenta sólo una parte de la historia. Si alguien únicamente mira hoy el resultado pensará que los Colts dominaron cómodamente el partido. Desde nuestra primera corresponsalía para Touchdown Diario, los que tuvimos la oportunidad de vivirlo desde dentro del Tottenham vimos algo bastante diferente. Vimos a unos Colts irreconocibles al comienzo. Vimos a Daniel Jones cometer dos pérdidas de balón. Vimos a Washington ponerse 6-0 y desperdiciar oportunidades para haber construido una ventaja mucho mayor. Y vimos también ese cuarto down fallado en el segundo cuarto que, visto con perspectiva, fue el momento en el que el partido empezó a cambiar de dirección. Después vimos lesionarse a Marcus Mariota y a un rookie de séptima ronda tener que debutar en la NFL, nada menos que en Londres y delante de más de 60.000 personas. Vimos incluso a ese mismo rookie lanzar un touchdown de 47 yardas y colocar el partido 17-13. Pero también vimos cómo poco a poco el encuentro cambiaba de dueño. Indianápolis tuvo paciencia. Su defensa empezó a imponerse. Jonathan Taylor comenzó a encontrar espacios. Y Washington, castigado por las lesiones, las penalizaciones y el desgaste, fue perdiendo capacidad de respuesta.

El último cuarto fue la consecuencia de todo lo anterior. Los Colts ya no necesitaban inventar nada. Corrieron, controlaron el reloj, jugaron con la ventaja y dejaron que su superioridad física terminara haciendo el resto.
Colts 30, Commanders 13. Un marcador contundente para un partido que durante mucho tiempo no lo fue.
Y quizá esa sea la mejor manera de explicar lo que vivimos en Londres: Washington empezó siendo mejor, aquel cuarto down abrió la primera grieta, las lesiones terminaron cambiando el escenario y, cuando llegó el momento de decidirlo, Indianápolis fue simplemente el equipo que todavía tenía respuestas.

Jonathan Taylor vuelve a ser el termómetro ofensivo

La gran conclusión positiva para Indianápolis es evidente: Jonathan Taylor está jugando a un nivel que obliga a los rivales a construir su plan defensivo alrededor de él. Antes del partido, la propia cobertura de Washington advertía que Taylor era el principal problema que debía solucionar la defensa de los Commanders. Y el partido confirmó esa preocupación.

Taylor terminó con:

  • 20 carreras
  • 95 yardas
  • 4,8 yardas por intento
  • 2 touchdowns
  • 12 yardas como carrera más larga

Pero las estadísticas no cuentan toda la historia. Taylor fue especialmente importante en las posesiones en las que Indianáapolis necesitaba consumir reloj y cerrar el partido. En el drive del touchdown de Jones, por ejemplo, fue él quien recorrió la mayor parte del camino. Y ahí está probablemente la diferencia entre el Taylor actual y un simple running back productivo. Es el jugador que Indianapolis utiliza para controlar el partido.


Una historia que, esta vez, Touchdown Diario pudo contar desde allí. Desde Londres. Desde dentro de la NFL.

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