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Los Bills inauguran su nuevo estadio con un festival ofensivo ante los Lions (41-31)

Por Carlos García – Touchdown Diario

Buffalo estrenó por fin su nuevo hogar, el Highmark Stadium de Orchard Park, y lo hizo con la mejor de las bienvenidas: fuegos artificiales antes del saque inicial y una exhibición ofensiva que dejó sin respuesta a unos Detroit Lions que llegaban como uno de los equipos de moda de la NFL. El resultado final, 41-31, se queda corto para describir lo desequilibrado que fue el partido durante buena parte de sus cuatro cuartos.

Un arranque devastador de Josh Allen

Los Bills recibieron el saque inicial y no necesitaron más que diez jugadas para inaugurar el marcador: Josh Allen anotó por tierra desde la yarda 1 tras una unidad de 85 yardas que consumió casi seis minutos de reloj. Fue solo el aperitivo. En la siguiente posesión ofensiva, Allen conectó con Josh Palmer para una carrera aérea de 43 yardas y nuevo touchdown, y antes de que acabara el primer cuarto Buffalo ya dominaba 14-0.

El segundo periodo fue, sencillamente, propiedad de Allen. El quarterback de los Bills sumó dos touchdowns de pase más —uno a Dawson Knox desde la yarda 1 y otro a Dalton Kincaid de 16 yardas— para llegar al descanso con una renta de 27-10. Según recoge NBC Sports, los Bills habían anotado touchdown en sus primeras cuatro posesiones, en drives de 85, 79, 57 y 68 yardas, un arranque que dejó a la defensa de Detroit completamente sobrepasada. Al descanso, Allen ya acumulaba 164 yardas y tres touchdowns por aire, además de 40 yardas y otro touchdown por tierra.

El análisis de Buffalo Rumblings, medio especializado en los Bills, resumía la superioridad territorial señalando que Spencer Brown lo hace bien, pero Aidan Hutchinson es un jugador especial, en referencia a los problemas que tuvo el tackle izquierdo de Buffalo para frenar al mejor pass rusher de los Lions, aunque eso apenas frenó el ataque local.

Detroit reacciona, pero llega demasiado tarde

Jared Goff no tuvo una mala noche en absoluto —327 yardas y cuatro touchdowns por pase, con un balón robado en tres de sus últimas cuatro posesiones anotadoras—, pero el problema de los Lions fue la incapacidad de correr el balón. Jahmyr Gibbs, la principal amenaza terrestre de Detroit, se quedó en apenas 52 yardas en 16 acarreos, y el equipo de Dan Campbell terminó con solo 66 yardas de carrera en todo el partido, frente a las 203 de Buffalo.

En el tercer cuarto, Detroit encontró algo de ritmo: Goff conectó con Amon-Ra St. Brown para un touchdown corto que redujo la diferencia a 27-17, y los Lions llegarían a acercarse hasta el 34-24 con un pase de una yarda a Sam LaPorta en el cuarto periodo. El Detroit News apuntaba que los problemas defensivos de los Lions continuaron, tras permitir 41 puntos después de que los Saints ya les anotaran 30 el fin de semana anterior, una preocupación que empieza a repetirse en las dos primeras semanas de temporada.

Sin embargo, cada vez que Detroit amenazaba con meterse de lleno en el partido, Josh Allen y compañía respondían de inmediato. Tras el touchdown de LaPorta, los Bills necesitaron solo ocho jugadas y 61 yardas para que James Cook anotara y estableciera el 34-24 primero, y más tarde el 41-24 antes del último sprint de los Lions.

El sprint final y la anotación de despedida

Con el partido prácticamente decidido, Detroit todavía tuvo tiempo de firmar una última demostración de orgullo: Goff volvió a encontrar a St. Brown, esta vez desde 27 yardas, para el 41-31 definitivo con poco más de un minuto por jugar. St. Brown terminó como el gran protagonista ofensivo de los Lions con nueve recepciones para 142 yardas y dos touchdowns, incluyendo una jugada de 34 yardas que fue la más larga de Detroit en toda la noche.

El intento posterior de onside kick por parte de los Lions estuvo cerca de generar un vuelco dramático, pero el balón terminó en manos de Khalil Shakir, sellando la victoria de Buffalo. ESPN describía la noche de estreno del estadio señalando que los Bills organizaron una auténtica fiesta de inauguración para su nuevo hogar, lanzando fuegos artificiales antes del partido y una victoria que se sintió más contundente de lo que refleja el marcador final.

Las cifras que explican el partido

Los números confirman esa sensación de dominio de Buffalo más allá del resultado: los Bills lograron 34 primeras oportunidades por las 24 de Detroit, convirtieron un 75% de sus terceras oportunidades (9 de 12) frente a un pobre 36,4% de los Lions, y controlaron el balón durante 33:45 minutos frente a los 26:15 de Detroit. Además, Buffalo no permitió ninguna intercepción y aprovechó al máximo la zona roja, anotando en sus cinco visitas (100%).

Allen firmó una noche histórica a nivel individual: 248 yardas por pase con tres touchdowns y ni una sola intercepción, sumadas a 69 yardas y dos touchdowns por tierra, lo que le deja con cinco anotaciones totales. James Cook, por su parte, fue el mejor corredor del partido con 135 yardas y un touchdown en 21 acarreos, incluyendo una carrera de 35 yardas que fue la más larga de la noche para cualquier corredor.

En el lado de Detroit, más allá de la gran actuación de St. Brown, destacó también la contribución de Gibbs como receptor (6 capturas para 61 yardas y un touchdown) y la solidez de LaPorta, que combinó producción por aire con la anotación decisiva del cuarto periodo. Pero ni eso ni los cuatro touchdowns por pase de Goff bastaron para maquillar una defensa que, de nuevo, se mostró incapaz de frenar a un ataque rival de primer nivel.

Lo que deja el partido

Para los Bills, esta victoria confirma las credenciales de un ataque que, con Josh Allen como bandera, parece dispuesto a pelear de nuevo por todo en esta temporada, y lo hace además con el impulso simbólico de haber ganado el primer partido regular en su flamante Highmark Stadium. Para los Lions, en cambio, el resultado deja encendida una alarma: dos semanas consecutivas encajando más de 30 puntos apuntan a un problema defensivo que Dan Campbell tendrá que resolver antes de que la temporada se le complique.

El calendario no da tregua a ninguno de los dos equipos, que ya piensan en sus próximos compromisos con lecciones muy distintas aprendidas en esta noche de jueves en el norte del estado de Nueva York.

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