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El Draft de la NFL: la ruleta que puede salvar o hundir una franquicia

Por Carlos García – Touchdown Diario

Cada mes de abril, los 32 equipos de la NFL se sientan en sus salas de guerra con una mezcla de esperanza y nerviosismo que pocas decisiones deportivas pueden igualar. El Draft es, en esencia, la mayor apuesta del fútbol americano: invertir millones de dólares, años de planificación y el futuro de una franquicia en un chico de veintitantos años que nunca ha jugado un solo snap en la liga profesional. A veces, esa apuesta sale redonda. Otras veces, sale tan mal que el nombre del elegido queda grabado en la historia como sinónimo de desastre.

Con el Draft 2026 a la vuelta de la esquina, no hay mejor momento para hacer un repaso de los aciertos que cambiaron franquicias y los fracasos que las dejaron temblando durante años.

Los grandes fracasos: cuando el número uno se convierte en pesadilla

Si hay un nombre que resume todo lo que puede salir mal en un Draft, ese es JaMarcus Russell. Russell fue considerado el mayor bust de la historia del Draft de la NFL, y todo fue por su propia cuenta. Seleccionado con el primer pick en 2007, su escasa ética de trabajo y sus malas decisiones arruinaron una carrera que prometía todo. La historia de Russell tiene todos los ingredientes de una tragedia deportiva: un brazo descomunal, un físico de quarterback de élite y, según se supo después, cintas de vídeo en blanco que nunca llegó a encender porque directamente no se molestaba en ver los partidos del rival. Russell jugó solo tres temporadas con los Raiders, terminando con un registro de 7-18 como titular, un porcentaje de pases completados del 52,1% y 18 touchdowns frente a 23 intercepciones, sin llegar nunca a un QBR superior a 29,2. Oakland tardó años en recuperarse de ese error.

Justo detrás de Russell en el podio de los desastres aparece Ryan Leaf, el eterno recordatorio de lo que pudo haber sido. Leaf entró al Draft de 1998 como posible número uno junto a Peyton Manning. Sus trayectorias fueron en sentidos completamente opuestos: Manning se convirtió en una leyenda, mientras Leaf acumuló un registro de 4-14 con los Chargers, con solo 5,6 yardas por intento y 13 touchdowns frente a 33 intercepciones en 21 partidos. Fuera del campo, los problemas de actitud y las lesiones completaron el cuadro de uno de los fracasos más sonados de la historia de la liga.

Tony Mandarich merece también su capítulo propio. Elegido con el segundo pick en 1989 por los Packers, Mandarich era considerado uno de los mejores prospectos de la historia en su posición. Pero problemas con sustancias, malas actuaciones en 1990 y 1991 y una temporada entera perdida en 1992 convirtieron su paso por Green Bay en un fiasco total. Lo más doloroso para la franquicia de Wisconsin es el contexto: en ese mismo Draft de 1989, equipos rivales se llevaron a Barry Sanders, Derrick Thomas y Deion Sanders, tres leyendas que Mandarich vio ganar honores desde la banda.

Y si hablamos de fracasos modernos, Trey Lance y Zach Wilson sirven como recordatorio de que la historia se repite. Wilson fue elegido segundo overall en 2021 por los Jets tras una temporada rompedora en BYU. En tres temporadas en Nueva York, hizo 33 titularidades con apenas 25 touchdowns y 23 intercepciones, y una media de solo 6,3 yardas por intento. Los Jets pagaron caro apostar por un quarterback sin verificar que su nivel universitario era extrapolable a la élite.

Los robos del siglo: cuando nadie apostaba por ellos

Pero el Draft no es solo una historia de fracasos. Es también donde nacen las leyendas más improbables.

New England Patriots quarterback Tom Brady (12) celebrates during the second half of NFL Super Bowl XLIX football game against the Seattle Seahawks on Sunday, Feb. 1, 2015, in Glendale, Ariz. The Patriots won 28-24. (AP Photo/Kathy Willens)

El ejemplo más grande de todos sigue siendo Tom Brady. Una carrera universitaria discreta en Michigan lo llevó a ser elegido en el puesto 199 del Draft del año 2000. Lo que vino después es historia: siete Super Bowls, tres MVP de la liga, cinco MVP del Super Bowl y una de las carreras más exitosas que jamás haya visto la posición de quarterback. Los seis equipos que pasaron por delante de los Patriots sin elegirle siguen lamentándolo décadas después.

Joe Montana sigue un patrón similar. Los 49ers encontraron al que sería uno de los mejores quarterbacks de todos los tiempos en la tercera ronda del Draft de 1979. Montana ganó cuatro Super Bowls, dos MVP de la liga y tres MVP del Super Bowl, con un registro como titular de 117-47 y más de 40.000 yardas en 15 temporadas. Nadie que pasó por delante de él en ese Draft imaginó que estaban dejando pasar a semejante talento.

Y en tiempos más recientes, Brock Purdy se ha convertido en el símbolo de que el último elegido del Draft, el famoso «Mr. Irrelevant», también puede llegar a la élite. Elegido en el puesto 262 en 2022, Purdy aprovechó las lesiones de sus compañeros para hacerse con el puesto titular de los 49ers y no soltarlo. Pocos en San Francisco habrían apostado por él aquel día de abril.

La lección que el Draft nunca termina de enseñar

Lo fascinante del Draft es que, a pesar de los millones invertidos en scouting, tecnología y análisis de datos, nadie tiene la fórmula perfecta. Los scouts más experimentados ven a Russell y ven potencial ilimitado; los mismos scouts pasan de largo a Brady sin pestañear. La realidad es que hay muchas más probabilidades de que tu equipo favorito acabe eligiendo a un bust que encontrando un diamante en bruto.

Lo que sí marca la diferencia entre los grandes fracasos y los grandes éxitos no es siempre el talento puro. Es la capacidad de adaptación, la ética de trabajo y, en muchos casos, la suerte de aterrizar en el equipo y el momento adecuado. Brady tuvo a Belichick. Montana tuvo a Bill Walsh. Russell tuvo cintas en blanco que nunca encendió.

Con el Draft 2026 a punto de arrancar, los aficionados de los 32 equipos se harán la misma pregunta de siempre: ¿serán nuestras elecciones los próximos Brady, o los próximos Russell? La respuesta, como siempre, llegará con los años. Y esa incertidumbre es precisamente lo que hace al Draft el evento más emocionante del calendario NFL.

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