Por Carlos García – Touchdown Diario.
El próximo 23 de abril arranca en Pittsburgh uno de los eventos más esperados del calendario NFL. Durante tres días, los 32 equipos de la liga tendrán la oportunidad de rediseñar su futuro a través de la selección universitaria más importante del año. El Draft de 2026 no defrauda en cuanto a talento: hay prospectos con potencial de estrella en casi todas las posiciones, una clase de receptores especialmente llamativa y varios jugadores que llevan meses siendo el centro de todos los debates en las redacciones deportivas de Estados Unidos.
Pero el Draft también esconde sus secretos. Más allá de los nombres que llenan los titulares de ESPN, CBS Sports o NFL.com, hay jugadores que los analistas más atentos llevan semanas señalando como posibles robos del siglo. Hoy repasamos los grandes favoritos y, al final, te presentamos tres nombres que quizás no hayas escuchado todavía pero que podrían ser la gran sorpresa de esta edición.
Los grandes protagonistas del Draft 2026
Fernando Mendoza (QB, Indiana) — El quarterback que nadie vio venir

Si hace dos años alguien hubiera dicho que el quarterback más codiciado del Draft 2026 vendría de Indiana, la mayoría habría respondido con escepticismo. Y sin embargo, ahí está Fernando Mendoza, encabezando los rankings más importantes de la pretemporada del Draft. Mendoza destaca por ser un lanzador muy preciso con un tamaño excelente, dureza y suficiente atletismo. Opera bien desde el shotgun, apoyándose en el juego RPO, con manos rápidas y buena toma de decisiones. Su tamaño, talento con el brazo y carácter competitivo recuerdan a Matt Ryan cuando salió de Boston College.
Lo que hace especialmente interesante a Mendoza es su inteligencia dentro del campo. No es un atleta espectacular, pero tampoco necesita serlo: sabe leer la defensa, distribuye el balón con rapidez y, cuando toca correr, encuentra los momentos oportunos para hacerlo. Los analistas de Scouts Inc. de ESPN le otorgan una nota de 92 sobre 100, situándole entre los cinco mejores prospectos de toda la clase. La gran pregunta es si algún equipo que necesite quarterback urgentemente apostará por él en las primeras elecciones.
Jeremiyah Love (RB, Notre Dame) — El corredor que quieren todos

Pocas veces se llega al Draft con un corredor tan completo y tan deseado como Jeremiyah Love. El running back de Notre Dame es, para muchos analistas, el prospecto más impactante de todo este año. Love es un arma dinámica tanto como corredor como receptor. En carreras interiores explota hacia la brecha, mientras que en las exteriores tiene velocidad de élite para capturar el exterior y llevarlo hasta el fondo. Su capacidad para hacer fallar rivales sin reducir la velocidad es excepcional, y su giro es electrizante. En el juego de pases, puede trazar rutas como un receptor abierto.
Lo que distingue a Love de otros running backs de alto perfil es que no tiene una debilidad clara. Bloquea, recepciona, corre por dentro y por fuera. Como corredor completo con excelente capacidad tanto en carrera como en recepción y disposición para bloquear, Love tiene todas las herramientas para ser una estrella desde su primera temporada en la NFL. No hay equipo de la liga que no mejore con él en la plantilla.
Sonny Styles (LB, Ohio State) — El fenómeno del combine

Hubo un momento en el Scouting Combine de Indianapolis en el que los scouts presentes se miraron unos a otros sin saber muy bien qué acababan de ver. Sonny Styles, linebacker de Ohio State, protagonizó una de las actuaciones más comentadas del evento. Styles es un linebacker alto que realizó una transición fluida desde la posición de safety durante su carrera universitaria. En cobertura es excepcional: puede seguir a receptores slot por la línea de profundidad y a tight ends por todo el campo. Su actuación en el partido del título de la Big Ten ante Indiana resolvió cualquier duda sobre su juego, siendo el mejor defensor en el campo. Recuerda a Fred Warner.
La comparación con Warner no es casual ni exagerada: hablamos de un linebacker capaz de dominar tanto contra la carrera como en cobertura, algo que cada vez más equipos de la NFL buscan desesperadamente.
David Bailey (Edge, Texas Tech) — El pasarrusher más explosivo de la clase

Si hay una posición que siempre manda en el Draft, es el edge rusher. Y este año, el nombre que lidera esa conversación es David Bailey. Bailey es un pass rusher con una explosividad brutal y una producción sobresaliente. Su juego se basa en el arranque y en ganar temprano en la jugada: come terreno a toda velocidad, usa un movimiento de dip and rip antes de alcanzar rápidamente al quarterback, y complementa su velocidad con un giro interior repentino. El único punto que los analistas señalan como área de mejora es su consistencia contra la carrera, pero como amenaza en los terceros downs y en situaciones de pase, Bailey es difícil de igualar en esta clase.
Arvell Reese (Edge, Ohio State) — El comodín que todos quieren

Ohio State domina este Draft como pocas universidades han dominado una clase. Y si Sonny Styles es la joya defensiva del equipo, Arvell Reese es el interrogante más emocionante. Reese es un atleta fluido y explosivo al que Ohio State utilizó como pieza de ajedrez en su defensa: alineó como linebacker fuera del bloqueo, en el borde como pass rusher y en ocasiones como espía del quarterback. Proyecta mejor como edge rusher en la NFL. Cuando presiona desde el exterior, muestra velocidad y capacidad de doblaje de élite. A Reese le falta un plan de rush más elaborado, pero sus cualidades atléticas son tan evidentes que muchos equipos están dispuestos a apostar por su potencial.
Carnell Tate (WR, Ohio State) — El receptor que desafía al cronómetro

El combine generó algunas dudas sobre el tiempo en el 40 yardas de Carnell Tate. Pero los analistas más experimentados llevan tiempo advirtiendo que los cronómetros no siempre cuentan toda la historia. Tate es un receptor alto y con mejor velocidad de juego que velocidad cronometrada y una producción sobresaliente. Tiene una gran capacidad de arranque para vencer la cobertura en la línea de scrimmage, y ataca la posición del defensor cuando le juegan en cobertura abierta. Tiene manos fuertes y fiables en tráfico. Para cualquier equipo que necesite un receptor vertical con manos de hierro, Tate es una apuesta muy sólida.
Rueben Bain Jr. (Edge, Miami) — La fuerza bruta personificada

El otro gran debate del combine fue el de las medidas de brazos de Rueben Bain Jr. Sus 31 pulgadas de longitud de brazo están por debajo del estándar típico para un edge rusher de primer nivel, y eso ha encendido alarmas en algunos equipos. Pero quienes han visto su cinta no pueden ignorar lo que hay ahí. Bain es un edge rusher cuadrado y compacto cuya cinta está llena de disrupciones, destrucción y dominio. Como pass rusher, no tiene un arranque de élite, pero gana con palanca, potencia y madurez. Tiene un movimiento de chop/rip ((combinación técnica de manos. El «chop» es un golpe descendente para quitarle las manos al bloqueador ofensivo, y el «rip» es un movimiento ascendente (como un «upper») donde el defensor pasa su brazo por debajo del brazo del rival para doblar la esquina hacia el QB.), un violento movimiento de cadera y un hábil euro step (Es un paso lateral largo y engañoso justo antes del contacto para que el bloqueador pierda el equilibrio o falle el empuje, dejándole el camino libre). Contra la carrera, intimida a los tight ends y su motor para perseguir es implacable.
Tres perlas escondidas que nadie está mirando
Y ahora llegamos a la parte más interesante. Los nombres anteriores llenan los grandes tableros y las portadas de los medios especializados. Pero el Draft también tiene sus joyas ocultas, esos jugadores que se cuelan en rondas tardías y acaban siendo la mejor elección del día.
Ted Hurst (WR, Georgia State) — El gigante desconocido

El receptor de Georgia State ofrece una de las mejores combinaciones de talla, peso y velocidad para superar su posición en el Draft. Sus 1,88 metros de altura están en el percentil 96 en su posición, su salto horizontal de 11 pies y 3 pulgadas está en el percentil 99, y sus 4,42 segundos en el 40 yardas están en el percentil 78. Sumó 1.965 yardas y 15 touchdowns en sus dos últimas temporadas, con una tasa de recepciones en duelo del 60,4%. El problema de Hurst es que juega en una universidad que nadie sigue, y eso hace que su nombre no aparezca en las conversaciones habituales. Sin embargo, varios analistas lo comparan con Christian Watson, de los Packers, y señalan que podría ser un jugador de segunda ronda a un precio de tercera o cuarta. Para cualquier equipo que necesite un receptor físico con explosividad, Hurst es una ganga potencial.
Malachi Lawrence (Edge, UCF) — El atleta que el combine destapó

Lawrence es exactamente el tipo de edge rusher cuya cotización debería seguir subiendo una vez que los equipos dejen de pensárselo tanto. Corrió el 40 en 4,52 segundos, registró un salto vertical de 40 pulgadas y un salto horizontal de 10 pies y 10 pulgadas, y obtuvo la mejor puntuación atlética entre todos los pass rusher del combine. Pasó de no estar en ningún ranking a finales de diciembre al puesto 49 del consenso tras el combine. Sus 1,93 metros y 253 libras con esos números atléticos son una rareza. La clave está en si su juego de manos y su potencia de primer nivel son suficientes para dominar en la NFL, algo que solo el tiempo dirá, pero las señales son muy prometedoras.
Bryce Lance (WR, NDSU) — El apellido no miente, pero el jugador es su propio hombre

Es hermano de Trey Lance, el ex quarterback de los 49ers, pero Bryce Lance está labrándose su propio camino. Lance salió de Indianapolis con la mejor puntuación post-combine entre los receptores participantes, con una nota de atletismo perfecta de 99 tras registrar 4,34 segundos en el 40 yardas, un salto vertical de 41,5 pulgadas y un salto horizontal de 11 pies y 1 pulgada. Ese es el perfil de una amenaza vertical con explosividad real, no el de un prospecto de campo de entrenamiento. El lastre de Lance es el estigma de la pequeña universidad: dos temporadas consecutivas superando las 1.000 yardas como receptor All-MVFC con 1,90 metros y 209 libras, pero los scouts siguen siendo escépticos respecto al nivel de competición de la Football Championship Subdivision. Si algún equipo se atreve a seleccionarle en ronda tres o cuatro, podría estar ante uno de los robos del Draft.
Conclusión: Pittsburgh, la ciudad donde nacen las historias
El Draft de 2026 llega a Pittsburgh con una clase que tiene algo para todos. Hay un quarterback diferente y polémico en Fernando Mendoza, un corredor completo en Jeremiyah Love, una generación de pasarushers con Bain, Bailey y Reese, y una cosecha de receptores que promete dar mucho que hablar durante años. Pero como siempre, las mejores historias del Draft no se escriben en las primeras elecciones, sino en esas rondas intermedias donde un scout con buen ojo, un entrenador dispuesto a apostar y un jugador con hambre pueden cambiar el destino de una franquicia.
El 23 de abril sabremos quién acertó y quién se equivocó. Hasta entonces, el debate está servido.









