Por Carlos García — Serie Pre-Draft 2026
Cada año, cuando llega abril, el Draft de la NFL vuelve a recordarnos por qué es uno de los eventos deportivos más fascinantes del planeta. No solo por el talento que se pone en juego o los millones que se negocian, sino porque el Draft tiene una rara capacidad para producir historias que ningún guionista de Hollywood se atrevería a escribir. Traiciones, humillaciones en directo ante millones de espectadores, jugadores que rechazan fortunas por dignidad, hackers que cambian el destino de una carrera en trece minutos… Todo eso ha sucedido en las salas de guerra y en los green rooms de este evento. Y con Pittsburgh a punto de convertirse en la sede del Draft 2026, parece el momento perfecto para repasar algunas de las anécdotas más extrañas, divertidas e increíbles de su historia.
La noche que un hacker movió millones de dólares: Laremy Tunsil, 2016

Si hubiera que elegir un único momento que resume todo lo que puede salir mal en un Draft, ese sería la noche del 28 de abril de 2016, trece minutos antes de que Roger Goodell anunciara el primer pick.
Laremy Tunsil era, en aquel momento, el mejor tackle ofensivo de la clase. Mel Kiper lo tenía primero en su big board personal. Varios analistas lo situaban en el top tres. Los Baltimore Ravens ya habían decidido que sería su elección en el puesto seis. Todo estaba en orden para que Tunsil viviese una noche perfecta.
Entonces, a las 19:47 hora del Este, algo apareció en su cuenta de Twitter verificada: un vídeo de treinta segundos en el que un joven con una máscara de gas fumaba marihuana a través de un bong. Trece minutos antes de que comenzara el draft, la cuenta de Tunsil publicó ese vídeo, que se hizo viral de inmediato y llegó a todas las salas de guerra de la liga al mismo tiempo que el draft arrancaba.
Tunsil estaba en el green room cuando su teléfono empezó a vibrar. Lo ignoró, pensando que eran fans emocionados antes del draft. Solo cuando miró la hora vio lo que estaba pasando. Él y su hermano fueron al baño a intentar recomponerse.
Lo que vino a continuación fue vertiginoso. Los Ravens, que tenían a Tunsil como candidato al pick número seis, lo eliminaron de su tablero en cuanto vieron el vídeo. Los Titans, que también estaban interesados, pasaron de largo. Pick tras pick, el mejor tackle de la clase seguía ahí sentado, viendo cómo su valor en el mercado se evaporaba en tiempo real. Finalmente fue los Miami Dolphins quienes lo rescataron con el pick número trece. Tunsil confirmó que era él en el vídeo, aunque aseguró que su cuenta había sido hackeada.
Las investigaciones posteriores apuntaron a un ex asesor financiero que Tunsil había despedido poco antes del draft como el presunto responsable del hackeo. La caída le costó a Tunsil aproximadamente siete millones de dólares en su contrato de rookie. Pero la historia tiene final feliz: Tunsil fue seleccionado cuatro veces para el Pro Bowl con los Texans y acumuló más de 121 millones de dólares en ganancias a lo largo de su carrera. Él mismo reconoció que todavía lleva esa noche como una motivación. La revancha fue épica.
El hombre que se quedó solo en la sala: Aaron Rodgers, 2005

Dos años antes del Draft de 2005, un joven quarterback de la Universidad de California llamado Aaron Rodgers había hecho una apuesta informal con algunos de sus compañeros invitados al green room. La broma era simple: apostaban a quién sería el último en ser elegido. Cuando llegó el día, nadie se reía.
Rodgers llegó al draft sabiendo que no sería el número uno, ya que se había filtrado que los 49ers elegirían a Alex Smith de Utah. Pero seguía convencido de que sería una de las primeras selecciones del día. Había tenido un gran encuentro privado con Jon Gruden, entrenador de Tampa Bay, quien tenía el pick número cinco. Los Buccaneers eligieron al corredor Cadillac Williams.
Y empezó la espera. Pick a pick, equipo a equipo, el nombre de Rodgers no aparecía. Su teléfono vibraba sin parar, pero no eran equipos interesados: eran sus amigos al otro lado del país enviándole bromas. Como él mismo reconoció: «Es embarazoso. El mundo entero está mirando, el teléfono te vibra cada dos minutos y esperas que sea un equipo llamando. Pero son solo tus amigos haciendo chistes, y es difícil reírse en una situación en la que sabes que todo el mundo se está riendo de ti.»
Lo que vino después roza lo surrealista. Los trabajadores del catering, hartos de esperar para poder irse a casa, empezaron a darle «miradas asesinas» a Rodgers y su familia mientras recogían las mesas y apilaban las sillas a su alrededor. Rodgers era el único invitado que quedaba en el green room. Las cámaras de televisión no se apartaban de él.
Rodgers esperó cuatro horas y media, cayó del puesto uno proyectado hasta el pick número veinticuatro, y fue el último jugador en ser elegido de todos los invitados al green room ese año. Los Green Bay Packers lo rescataron finalmente, a pesar de tener a Brett Favre en plantilla. Como le dijo el comisionado Paul Tagliabue cuando subió al escenario a estrechar su mano: «Las buenas cosas llegan a quienes esperan.» Pocos en la historia de la NFL han esperado tanto para llegar tan alto.
Bo Jackson y la mayor venganza de la historia del Draft: 1986

Hay jugadores que rechazan equipos. Y luego está Bo Jackson, que rechazó a los Tampa Bay Buccaneers con tal determinación que convirtió su negativa en una obra de arte del orgullo deportivo.
Los Buccaneers eligieron a Jackson con el pick número uno en el Draft de 1986, a pesar de que Jackson les había avisado con antelación de que se negaría a firmar con ellos. La historia detrás de esa decisión es tan retorcida como apasionante.
El propietario de los Buccaneers, Hugh Culverhouse, había invitado a Jackson a visitar las instalaciones del equipo en un jet privado. Le aseguró que el viaje estaba aprobado por la NCAA y que no afectaría a su elegibilidad en béisbol universitario. En realidad, la NCAA no había aprobado nada y, al enterarse, declaró a Jackson inelegible para el resto de su temporada de béisbol en la universidad de Auburn.
Jackson, que estaba viviendo su mejor temporada de béisbol en la universidad, se sintió traicionado. Rechazó un contrato de cinco años y 7,6 millones de dólares de los Buccaneers con una frase que resume perfectamente su postura: «La integridad de un hombre lo vale todo. Si no puedes tenerla, no quiero asociarme contigo. Punto.»
Se fue al béisbol. Los Royals de Kansas City lo eligieron en el cuarto turno del draft de la MLB, y Bo Jackson se convirtió en una de las estrellas más espectaculares que el béisbol ha visto en décadas. Un año después, los Raiders de Los Ángeles lo eligieron en el turno 183 del Draft de la NFL, con la condición de dejarle compaginar ambos deportes. El resto es historia: Bo Jackson fue All-Star en béisbol y Pro Bowler en la NFL, todo al mismo tiempo, convirtiéndose en la definición de la leyenda del deporte americano.
El número uno que nunca jugó un partido: John Elway vs. los Colts, 1983

Bo Jackson no fue el primero en negarse a jugar para el equipo que lo eligió. Dos años antes, un quarterback de Stanford llamado John Elway protagonizó una de las primeras grandes rebeliones del Draft moderno.
Los Colts de Indianápolis tenían el pick número uno en 1983 y, a pesar de saber que Elway no quería jugar para ellos, lo eligieron de todas formas. Elway amenazó con dedicarse al béisbol, donde también tenía talento más que suficiente para ser profesional, si los Colts no lo traspasaban. La organización cedió y lo mandó a los Denver Broncos a cambio de varios jugadores y picks.
El resultado: Elway ganó dos Super Bowls con Denver, fue elegido al Hall of Fame y se convirtió en uno de los mejores quarterbacks de la historia. Los Colts, por su parte, tardaron décadas en encontrar a su quarterback de franquicia. La ironía final es que el destino acabó entregándoles a Peyton Manning, que les dio un Super Bowl. Pero eso es otra historia.
El Draft virtual de 2020: Belichick, el perro, y los M&Ms de Goodell

El Draft de 2020 fue como ningún otro. Con el mundo en plena pandemia de COVID-19, la NFL tomó la decisión de celebrar el evento en formato completamente virtual, con entrenadores y directivos conectados desde sus casas. Lo que nadie esperaba es que aquello se convertiría en uno de los drafts más entretenidos de la historia, aunque por razones completamente ajenas al fútbol americano.
Roger Goodell anunció las elecciones desde su sótano, vistiéndose de forma cada vez más informal a medida que avanzaban las noches, pasando de estar de pie y formal a desparramarse en un sillón. Los espectadores también observaron que un tarro de M&Ms que aparecía en el plano iba menguando progresivamente, con Goodell admitiendo después que se los había ido comiendo durante toda la noche.
Desde el sofá de su casa en Nantucket, Bill Belichick colocó a su perro Nike frente a la cámara, haciendo parecer que era el propio can el que tomaba las decisiones de scouting de los Patriots. La imagen dio la vuelta al mundo.
El entrenador Kliff Kingsbury apareció desde una mansión que parecía sacada de una película de James Bond, mientras que Andy Reid fue grabado sudando en su elíptica. El entrenador de los Titans, Mike Vrabel, salió en pantalla con sus hijos de fondo en lo que varios usuarios de redes sociales describieron como «los sueños más terroríficos que han tenido nunca». Jerry Jones, fiel a su estilo, dirigió el draft desde su yate de 250 millones de dólares.
Y CeeDee Lamb, el receptor que acababa de ser elegido por los Cowboys, se hizo viral por una razón completamente distinta: justo cuando recibía la llamada que cambiaría su vida, se le vio apartar el teléfono de su novia con un gesto rapidísimo para que no pudiera ver la pantalla. El gesto fue inmortalizado por millones de espectadores. La vida del Draft en tiempos de pandemia.
El kicker elegido en primera ronda… dos veces

El Draft tiene una regla no escrita: los kickers y punters no se eligen en primera ronda. La historia ha confirmado que esa regla existe por algo.
En 1973, los Raiders de Oakland eligieron al punter Ray Guy con el pick número 23 de la primera ronda, siendo el único punter puro en la historia de la NFL en ser seleccionado en primera ronda. La decisión sonó disparatada en su momento, pero Guy se convirtió en el mejor de su posición de todos los tiempos y fue el primero en ser inducido al Hall of Fame como punter. Un caso excepcional que, desgraciadamente, nadie debería intentar imitar.
Porque en el año 2000, los Raiders lo intentaron de nuevo con Sebastian Janikowski, un kicker de Florida State con un historial de detenciones relacionadas con peleas en bares durante sus años universitarios. Lo eligieron en el puesto diecisiete de la primera ronda. No era solo que tomara a un kicker en primera ronda —algo que ya de por sí resultó impactante—, sino que los Raiders lo hicieron a pesar de su historial de arrestos relacionados con el alcohol y las peleas. Janikowski tuvo una carrera larga y productiva, pero la decisión de gastar un pick de primera ronda en un especialista sigue siendo uno de los momentos más comentados de la historia del evento.
El quarterback que no podía decir las jugadas: Bobby Garrett, 1954

Esta historia pertenece a los tiempos en que el scouting era algo muy distinto a lo que conocemos hoy, pero ilustra perfectamente por qué los equipos hacen ahora miles de horas de investigación antes de elegir a un jugador.
Los Cleveland Browns, necesitados de un quarterback que sustituyera al veterano Otto Graham, eligieron a Bobby Garrett de Stanford con el primer pick del Draft de 1954. Garrett era un All-American con grandes números universitarios, y parecía una decisión de manual. El problema se descubrió en el entrenamiento de pretemporada: Garrett tenía tartamudez severa. No podía pronunciar palabras que empezaban por «s», como «split left» o «split right», las jugadas básicas de la ofensiva de los Browns. Sus compañeros en el huddle tenían que darle golpes en la espalda para que pudiera sacar las palabras.
Fue traspasado a los Packers antes de que acabara la pretemporada, en un acuerdo de seis jugadores que Cleveland negoció para deshacerse del problema. El scouting moderno jamás permitiría que algo así sucediera hoy, pero la anécdota de Garrett es un recordatorio de los tiempos en que nadie se sentaba a hablar largo y tendido con los prospectos antes de elegirlos.
El jugador que eligió el domingo de Dios sobre el domingo de la NFL

Para cerrar este repaso, una historia que combina los valores personales con el absurdo corporativo de una forma que solo el deporte es capaz de producir.
Eli Herring era un tackle ofensivo de BYU en 1995, proyectado entre las rondas primera y tercera. El problema era que Herring era mormón devoto, y para los mormones el domingo es un día sagrado: no se trabaja, no se juega al fútbol americano. Herring informó a todos los equipos de que no tenía intención de jugar en la NFL precisamente por ese motivo. La práctica totalidad de los equipos lo ignoró en el draft. Salvo los Raiders, quienes, fieles a su filosofía de ser los más originales de la liga, lo eligieron en la sexta ronda, razonando aparentemente que medio millón de dólares al año también podría tener cierta cualidad de «don divino». Herring resistió la tentación. Nunca jugó un partido en la NFL, y se fue a trabajar como profesor de matemáticas.
El Draft que no espera a nadie
Estas historias, tan distintas entre sí, comparten algo en común: todas ellas nos recuerdan que el Draft de la NFL es mucho más que un evento de contratación laboral. Es un escenario en el que se concentran, durante setenta y dos horas, el orgullo, el miedo, la ambición, el dinero y la impredecibilidad que hacen de este deporte el espectáculo más grande del mundo. Laremy Tunsil convirtió una traición en motivación. Aaron Rodgers convirtió la humillación en legado. Bo Jackson convirtió un rechazo en una leyenda de dos deportes.
Con Pittsburgh preparada para recibir el Draft 2026 el próximo 23 de abril, la única certeza es que este año habrá nuevas historias para contar. El Draft nunca defrauda.








